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 Mario Capasso, el escritor del silencio

 

Leer la literatura de Mario Capasso es f�cil, hablar de ella con alguna pretensi�n abarcativa ya no es tan simple, y es que el hombre se las trae. Como hip�tesis tentativa de trabajo trataremos de abordar la obra desde 3 diferentes niveles de profundidad: Superficie - Elementos formales - Lenguaje, (y que el diablo se apiade de nosotros). 

 

Al mirar los libros de Capasso desde los aspectos m�s externos, encontramos una forma narrativa lineal de acceso amigable hasta para el lector m�s novel. La lectura se ve facilitada adem�s por una dosificaci�n generosa de humor, la ausencia de artilugios forzados (fracturas temporales, formatos circulares, alusiones a teor�as o autores cr�pticos) y en general, su llaneza impresiona por lo despojado y ameno. En pocas palabras, Capasso no cae en el vicio de escribir "para escritores" sino m�s bien podr�amos decir que su obra es "apta para todo p�blico".

 

Ahora bien, cuando rasgamos la superficie para ingresar apenas en la estructura formal bajo la piel de letra llana, a poco andar comienza a evidenciarse una arquitectura rica y compleja.

Resulta particularmente destacable la "econom�a de guerra" con que Capasso administra el discurso, la mesura sin amarretismo, el balance entre lo dado y contado.

Tanto "El edificio" como "Piedras heridas" revelan una prolija construcci�n "piedra sobre piedra" conformando mecanismos narrativos  en los que -como lectores- no sentimos que nada falte para hacernos una composici�n tempo-espacial completa, pero a su vez, el autor no se deja seducir por la tentaci�n de grandes parrafadas ni extensas (y pesadas) descripciones. S�lo el m�nimo indispensable para dotar de sentido a la narraci�n confiri�ndole liviandad, como un largo camino que recorreremos entretenidos y sin fatiga.

Si ponemos atenci�n, se torna visiblemente operativo el sembrad�o de contribuyentes de clima que nos sumergen -tan imperceptible como inevitablemente- en el universo del texto.

Sin violencia, como llevados de la mano sin apuro, nos vemos  inducidos a vivir "su" lluvia, su fr�o, sus percusiones sonoras, sus d�as de luz o sombra como si fueran nuestros, con la constancia y la serenidad de la gota de agua que horada la piedra. Hay all� un clima que nos pulsa, nos compele a involucrarnos aportando -con o sin nuestro consentimiento- nuestro cuerpo como interfase f�sica del texto.

 

Con s�lo estos dos pilares anteriores bastar�a para instar la funci�n participativa del lector, sin embargo Capasso agrega una intencionalidad visible en la suscitaci�n de que "hay algo all�" que est� escap�ndosenos, y ese es el punto en que la sospecha nos empuja a completar el cuadro con datos de nuestra experiencia personal, y asociar inevitablemente con metaforizaciones de la historia nacional, social, religiosa, etc. Punto sin retorno para el lector, ya estamos dentro de la obra coparticipando en la tarea autoral.

 

Podr�amos llenar varias p�ginas dando cuenta de cada uno de los elementos formales utilizados en general con eficacia y cuidado, pero intentemos un abordaje apenas m�s profundo y�ndonos a la "materia prima" pura: el idioma.

 

Particularmente en "El edificio" Capasso muestra genio trabajando lo indecible desde el silencio.

La 1� frase de la novela dice textualmente: "El edificio en el que me ocupan en algo, consta al parecer de cinco pisos los lunes" inaugurando un modus operandi que ya no abandonar� la obra hasta su mismo fin.

El truco consiste en que la frase est� completa, formalmente �ntegra, es directa y porta sentido suficiente para ser f�cilmente inteligible, pero no es necesaria ninguna sesuda elucubraci�n para percibir n�tidamente que "dice" mucho m�s de lo que dice. Veamos.

Una lectura superficial de la oraci�n nos informa que el personaje es ocupado por alguien/es, en algo, en un edificio que -al parecer- tiene 5 pisos los lunes, y eso es todo.

All� termina el c�mulo de datos, sin embargo una vez le�da resulta inevitable comenzar a preguntarse por esos "alguien/es", ese "algo" en que lo ocupan, cu�ntos pisos tendr� los d�as que no son lunes, y cu�l ser� la raz�n para este fen�meno. En otras palabras, sin darnos cuenta hemos le�do lo ilegible: el silencio.

Muy pocas palabras alcanzan para introducirnos en un arduo trabajo idiom�tico que se ver� sostenido de cabo a rabo de la obra.

All� es donde se evidencia el manejo del genio capassiano, en ese profundo trabajo sobre el lenguaje volvi�ndolo contra s� mismo, explotando sus deficiencias como recurso, apuntando all� donde el idioma no tiene respuestas para obligar al lector a buscarlas por s� mismo al mejor estilo de la propuesta de Eco en "Opera aperta".

 

Naturalmente no acaban aqu� las observaciones destacables que podr�an hacerse sobre estas obras, pero no se trata de demostrar cu�nto sabemos sino apenas de puntuar algunos recursos que impresionan por su fluidez y funcionalidad en el conjunto. Lo dem�s queda a cargo del lector que -estoy seguro- lejos de verse defraudado en sus expectativas encontrar� mucho m�s de lo que podamos se�alarle en esta breve aproximaci�n. Habida cuenta adem�s de que la cr�tica es, fue, y ser� una actividad par�sita encabalgada sobre el lomo de la obra, al fin lo �nico que cuenta.

Como opini�n de lector: El Edificio es -junto a "Misi�n en el Estuario", de Pablo Vecino- una de las dos novelas argentinas m�s logradas de la �ltima d�cada.

 

 

Alejandro Manrique - Sept./2005

 

 

 

   

 

 

 

 
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