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Cuatro capítulos

de un ensayo sobre Laiseca 

 

Los sorias

 

Martín Riva

creoquemartinriva@argentina.com

 

1. Fechas

   

    Suele decirse que Alberto Laiseca demoró 10 años en escribir su novela Los sorias. Ahora bien, esta cifra sólo hace referencia a una parte de la escritura, es decir, a la escritura propiamente dicha: desde comenzado el escrito hasta su conclusión, en el año 1982. Pero no se tiene en cuenta que antes de esta versión, que fue la publicada, hubo tres más, que han sido destruidas por el propio Laiseca pues no lo satisfacían. Además, como dije, la escritura tiene varias etapas, y no todas pueden contabilizarse en tiempo; una de esas etapas es la vida del autor junto a esa idea, que luego será una obra. ¿Cuándo se le ocurre a un escritor una idea por primera vez? Es imposible saberlo con precisión, al menos por ahora. Tampoco es posible rastrear con certeza el momento en que algo nos influye en el inconsciente, ni lograrlo con respecto a la influencia de los factores genéticos y culturales. Por eso, creo que lo recomendable es hablar de la fecha de conclusión y de la fecha de publicación, y no de la demora verdadera de un proceso literario.

    Sobre la publicación de la novela, sólo diré que se hizo posible, recién en 1998, con la ayuda de César Aira, que fue quien la recomendó a la editorial. (Más o menos, por esos meses, Aira estaba editando en Simurg, sello editorial que terminó publicando la novela.) El análisis de esta demora, por no tratarse de un hecho aislado, sino que ha pasado muchas veces algo idéntico o similar, lo dejaré para otro trabajo, donde analizaré este y otros aspectos. 

 

2. La utilización del poder

 

    Los sorias, como todas las obras maestras de la literatura, puede ser leída de muchas y distintas perspectivas, o desde la misma perspectiva pero de diferentes maneras. Esto no siempre tiene que llevar a contradicciones, y mucho menos a la exclusión de otras lecturas, aunque a veces ocurre. La pluralidad interpretativa es una característica de las obras maestras y de las obras clásicas, y Los sorias es una obra maestra, se convierta o no, con los años, en un clásico de la literatura universal.

    La perspectiva que ahora abordaré es la perspectiva del poder. La obra de Laiseca, en su conjunto, está relacionada con el poder, pero aquí sólo hablaré  de Los sorias, salvo que considere necesario abordar otra parte de la obra de Laiseca.

    Entre otras cosas, Los sorias es una novela sobre  el poder y la utilización del poder. Los dos primeros capítulos, titulados respectivamente, "Los enemigos de pieza" y "El discurso", marcan el tema del poder (que se desarrolla durante la novela) y sus extremos: el poder en la vida cotidiana, que podríamos llamar mínimo (Personaje Iseka y su relación con los enemigos de pieza), y el poder en el gobierno de un Estado, que podríamos llamar máximo (Monitor Iseka y su comportamiento como dictador). Es cierto que existen, en la novela, y fuera de la novela, otras formas máximas y mínimas del poder, y entre ellas sus graduaciones. La novela nos muestra que el poder, en cualquiera de sus formas y medidas, no es un enemigo en sí, fuerte y cruel como suele verse a los poderosos, sino que el poder está diseminado por el universo, y deja de ser un enemigo para transformarse en un medio, ya sea para la libertad o la opresión, nuestra o ajena, de un hombre, de pocos, o de todos los hombres.

 

3. La visión del universo

 

    La visión del mundo y del universo que expresa Laiseca en Los sorias es la misma que la de otros autores, como Dostoievski, Joyce o Kafka: el mundo resulta opresivo, no sólo para un individuo con intereses distintos a la gran mayoría, sino, también, para la propia mayoría, que oprime a las minorías, o deja que se las oprima, pero que a su vez se oprime (reprime) a sí misma. Ahora bien: si todos estos autores están de acuerdo en que el mundo y el universo son opresivos, la respuesta a esta opresión varía según el caso. Kafka, en El proceso, nos deja la imagen de que es imposible deshacerse de la opresión, y que la única variante es el aislamiento, cosa no menos trágica. Joyce, por su parte, en el Ulises, se burla de cada uno de los personajes y de ciertas situaciones, mostrando que vivir un día en Dublín, hacia principios del siglo XX, equivale a los años de regreso de Odiseo a Ítaca, y su posterior lucha y triunfo con los pretendientes de su esposa, Penélope, cantada por Homero en la Odisea. (La libertad final de Odiseo no nos hace olvidar la opresión anterior.) Además, Joyce, también se burla de escritores y lectores, pues cada capítulo ridiculiza ciertas maneras de escribir y leer. Recuérdese que cada capítulo de la novela está escrito con un estilo distinto. Pienso que suele obsesionar a muchos esta característica del Ulises, pero me parece que no tienen en cuenta que se trata de otra forma de ahondar la burla o parodia.

    Por último, quiero hablar de Dostoievski. En Crimen y castigo, luego de haber narrado el mundo opresivo donde vive Raskólnikov, Dostoievski finaliza la novela con esperanza, pero no la esperanza estúpida de creer que todo saldrá bien porque sí, sino que existe la posibilidad coherente de que Raskólnikov y Sonia sean libres o felices. Transcribo el último párrafo de Crimen y castigo: "Pero aquí ya empieza una nueva historia, la historia de la gradual renovación de un hombre, la historia de su tránsito progresivo de un mundo a otro, de su conocimiento con otra realidad nueva, totalmente ignorada hasta allí. Esto podrá constituir el tema de un nuevo relato..., pero nuestra presente narración termina aquí."

     El final de Crimen y castigo plantea la posibilidad coherente de desarrollarse y lograr la libertad en un mundo opresivo (y no estoy refiriéndome a la supuesta salida de Raskólnikov de la cárcel). Los sorias comienza desde  una posibilidad de este tipo: el hecho de que Personaje Iseka abandona a los sorias y se va junto a los tecnócratas.

    Luego hablaré de cómo se hace realidad esta esperanza de desarrollarse, de ser libre en un mundo opresivo.

 

4. Fragmento de la obra

  

    Creo que una cita literal extensa, como la que haré a continuación, tiene que tener una justificación. Esa justificación es la siguiente: cito los primeros párrafos (una o dos páginas de una obra que tiene 1.400 páginas), para favorecer la comprensión y corroboración de todo lo que diré o he dicho (o parte de esto), y para que el lector conozca o reconozca el objeto (al menos una parte del objeto), además  de haberlo conocido o reconocido a través de lo que se dice sobre y a partir de él. Pero, por encima de todo esto, cito estos párrafos pues hay cosas que son intransferibles, es decir, que sólo pueden ser expresadas por la misma obra, y percibidas por el sujeto frente al objeto, que son, en este caso, los lectores de este ensayo y lo que citaré de Los sorias. Pienso que otro motivo puede ser el hecho de querer compartir algo que a mí me gusta y me parece de suma importancia para la literatura.

    Transcribo un fragmento del capítulo 1, titulado "Los enemigos de pieza".

    Así comienza la novela: "Cuando esa mañana Personaje Iseka abrió los ojos, lo primero que vio fue un Soria. Pero no a Luis, el que tenía cerca, sino al más alejado: Juan Carlos Soria.

    "Este Soria, cuando se levanta por la mañana -pensó Iseka-, lo hace en forma de clase magistral, sin coloquio, de esas que se usaban en las facultades en el pasado. Optimista, de un solo salto. Yo no. Demoro cuantos minutos puedo: haraganísimo en la cama.

    "Él crea todas las inercias hacia adelante, necesarias para comenzar el día. Usa como clarín y música, respectivamente, el yogur y las respiraciones. Es tan sólo cuando se despierta de su siesta que nos defrauda. Se ha construido una especie de vincha bajable, de papel, para que la luz no le impida dormir. Dije que luego de la siesta defrauda. En efecto: ya no se levanta de un salto sino que, en ese momento, con sus tapaojos sobre su pelo estopa, semeja a un cacique toba derrotado camino a la reducción o a una reserva.

    "Él me da consejos.´

    "Cuando Iseka empezó a despertar, en el intermedio entre el Soria y la inconsciencia vio, como a través de un caleidoscopio, todo el proceso y sus reflujos, con idas y vueltas: inconsciencia, subconsciencia, paredes de la pieza, Soria; y viceversa: Soria, paredes de la pieza, descenso al interior, hasta casi caer en los más profundos abismos subliminales. Así, pues, en su caótica mezcla de vigilia y sueño, pudo observar:

 

                              "Batracios de lomos amarillos / catedra-

                               les con vitrales grises / concentraciones

                               centrales de material / concentraciones

                               periféricas / una mosca alborotadora que

                               rebotaba mil veces sobre la luna del espe-

                               jo perteneciente al ropero de la pieza. Un

                               borde inmundo del mismo guardarropas

                               a compartir.

 

   "Los ojos medio velados de Iseka recorrieron hacia la izquierda y abajo, tocaron la pared y, como su cabeza acompañaba el movimiento de los ojos, compulsándolos, éstos siguieron en caída libre hasta llegar al más alejado de los dos Soria. Su visión, entonces, retrocedió chamuscada al olvido del sueño, como el cuerno de un caracol que tocase un hierro candente.

 

                               "`Un tipo va a desenterrar a alguien y

                               me invita a seguirlo. Sacamos un ataúd

                               que en su interior tiene otros, sucesivos,

                               como las cajas chinas. Cada tapa posee

                               extraños dibujos que recuerdan a vudúes.

                               Arrancamos la última, extrayendo del sar-

                               cófago final un hombre vivo, de bronce,

                               que se retuerce entre sus ligaduras.´

 

   "El otro cuerno del caracol -los párpados se entreabrieron una vez más en reiterado intento por arribar a la conciencia- tocó la cara del Soria más próximo y, al quemarse también, retrocedió en desorden al sueño.

 

                               "`No lanza un solo sonido, pero el rostro

                               del hombre de bronce denota que, al me-

                               nos por el momento, ha enloquecido de

                               dolor. Su falo, grande y erguido, está ata-

                               do al vientre -mediante sogas, como todo

                               lo demás- con tanta fuerza que las cuer-

                               das deben causarle un daño enorme.´/

                               aviones cohete / moscas de cabeza roja /

                               grandes planos de color negro sueño /

                               batracios vidriados / flores en aire líquido /

                               mesetas de piedra / joyas elementa-les /

                               la cara de aquella que sigo amando

                               a pesar de la Diosa del Abismo / terre-

                               motos / desintegración de  núcleos.

 

    "Como el caracol ya no tenía ojos en la punta de sus cuernos, se conmovió, semejante a un temblor de tierra, para despertarse pese al Soria.

    "E Iseka se despertó." .

 

 

 

* Martín Riva es actualmente director de la Revista Macedonio, se encuentra dictando talleres sobre la obra de Borges y preparando uno sobre Nietzsche. Agradecemos a él y a su Revista que nos hayan permitido reproducir dicho ensayo.

 

 

 

 

 

 
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