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Marcos Aguinis es un hombre sereno y de una gran cordialidad. Vive en un piso de Palermo, un barrio  con historia de arrabal de la ciudad de Buenos Aires. En su living,  un gran piano negro de cola ocupa el centro de la atenci�n.   Las paredes est�n cubiertas por  espejos y bibliotecas,  y del techo cuelgan ara�as de cristales finos.

Este hombre naci� en C�rdoba, Argentina, en el a�o 1935. Ha viajado por el mundo y desempe�ado diversas profesiones. Su amplia formaci�n incluye la medicina, psicoan�lisis, arte, literatura e historia.

Ha recibido numerosas distinciones por su labor, entre otros, el Premio Planeta (Espa�a), la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, el Premio Reforma Universitaria (Universidad de La Plata), el Premio Fernando Jeno (M�xico) y el Premio Nacional de Sociolog�a. En 1995, la Sociedad Argentina de Escritores le confiri� el Gran Premio de Honor por el conjunto de su obra. Adem�s, fue designado por Francia Caballero de las Letras y las Artes.

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- ALEJANDRO CAVALLI: En las primeras p�ginas de El atroz encanto de ser argentinos, usted afirma que con este libro quiso dar otra vuelta de tuerca de lo que fue Un pa�s de novela, viaje hacia la mentalidad de los argentinos (un libro de similar tem�tica). �Qu� lo impuls� a seguir profundizando en la tem�tica de nuestra cultura nacional?

- MARCOS AGUINIS: Los factores son m�ltiples. Siempre hay una causa desencadenante que genera un libro,  y seguramente ha estado dada por este dif�cil momento que agobia a los argentinos. Estamos en una recesi�n cr�nica y hay un clima de gran perplejidad por esta situaci�n inexplicable de que la Argentina, siendo un pa�s que tiene tantas cosas a favor, est� tan estancada, tan paralizada. No hay dudas que este libro  fue madurando en mi interior a lo largo de muchos a�os y ha hecho eclosi�n en mi conciencia porque lo escrib� con gran rapidez.

- AC: �Y por qu� piensa que pudo convertirse en terrible un pa�s tan rico como la Argentina?

- MA: Yo creo que es inexplicable o dif�cil de poder entender tanto nuestra opulencia pasada como nuestro estancamiento presente. Nuestra riqueza era il�gica porque no era producto del esfuerzo, de la perseverancia de la valent�a inversora de la imaginaci�n. Si no que por un contexto interno y externo �nico, mediante el cual la Argentina con su pampa h�meda generaba Bienes sin trabajo, pod�a satisfacer las demandas de un mundo que estaba �vido de nuestros granos y carnes,  y los pagaba muy bien. Sin embargo, en aquella �poca, las visitas inteligentes que vinieron a nuestro pa�s pudieron muchas de ellas detectar los graves defectos que ya entonces ten�amos. Y cuando esa opulencia se evapor� entonces aparecieron los defectos.

En la actualidad, la Argentina est� estancada por razones que se vinculan m�s con los h�bitos, con los valores morales, con la pol�tica, que con la econom�a. Me parece que estamos enviciados econ�micamente. Hasta el menos cultivado de los argentinos maneja una riqueza de  l�xicos econ�micos que causar�a sorpresa en muchas academias extranjeras. Y creo que es un error pensar que todos nuestros males son �nicamente de ese orden.

- AC:  Siendo un libro que habla de los argentinos,  �por qu� cuando se refiere a nuestra m�sica s�lo se refiere al tango y dejando de lado el folclore?

- MA:  El folclore argentino es el producto de muchos a�os y de variadas melod�as, ritmos y expresiones que muestran la diversidad geogr�fica de nuestra rep�blica.  El tango ha sido una manifestaci�n art�stica que eclosion� en un instante de transformaci�n dram�tica del pa�s. Y me refiero a cuando se produjo el final del gaucho,  all� cuando se alambr� la pampa. Fue entonces cuando �ste se degrad� en el pe�n de estancia o en el compadrito o malevo del arrabal. Por otra parte los aluviones migratorios de aquella �poca estaban compuestos en  su mayor�a por hombres solos; lo cual estableci� una presencia de dos corrientes frustradas y amargadas que provocaron ese chispazo milagroso que fue el tango. Y que expresa una cr�tica social. Es una manifestaci�n  art�stica que no s�lo se refiere al r�o de la plata sino que se expandi� por todo nuestro territorio y que por alguna raz�n tuvo �xito universal. A los fines de entender a los argentinos me parec�a que el tango nos daba claves mucho m�s elocuentes que el folclore.

- AC: �Considera que con el peronismo (Movimiento Nacional Justicialista fundado por el ex presidente  Juan Domingo Per�n, que gobern� entre 1946 y 1955, y entre 1973 y 1974) pas� lo mismo; respecto a que ofrece mejores claves que otros partidos pol�ticos para entender nuestra cultura, ya que le dedica un espacio considerado en su libro?

- MA: Bueno, yo creo que he logrado ofrecer una s�ntesis de un movimiento social extremadamente complejo en pocas p�ginas. Y es sin dudas una corriente pol�tica que ya tiene m�s de medio siglo y muy argentina en sus contradicciones. Concentra virtudes y defectos que nos ayudan a entender a nuestro pa�s. Por eso es que le dediqu� todo un cap�tulo. Que al mismo tiempo es extremadamente sint�tico. Lo cierto es que estoy satisfecho porque creo que he conseguido redondearlo bien. Incluso c�mo se ha ido modificando a lo largo del tiempo. Con una din�mica que es muy curiosa. En el sentido de que nunca en el peronismo el que est� en el poder es el aut�ntico. Siempre hay uno que vendr� despu�s a ocupar ese espacio que no hace m�s que expresar una intensa nostalgia por el para�so perdido que fue la primera presidencia de Per�n.

- AC: �De qui�n reconoce influencias literarias?

- MA:  Son M�ltiples. No hay duda que las primera lecturas influyen siempre. En mi caso concreto por las novelas de aventuras como las de Emilio Salgari o Alejandro Dumas. Tambi�n me ha marcado mucho Stefan Zweig, quien est� siendo revalorizado actualmente tanto en Europa como en Estados Unidos. Incluso en Espa�a se est�n reeditando sus obras, porque estuvo prohibido durante la �poca de Franco. Es un autor cuya prosa que siempre me ha fascinado.

Tiene una extraordinaria profundidad psicol�gica que desarrolla temas con la armon�a esencial, con la libertad, con la defensa de los d�biles. En fin, una serie de asuntos que en m� siempre ha constituido los puntos cardinales de mis tem�ticas.

- AC: �En qu� g�nero se siente m�s c�modo escribiendo, en la novela o en el ensayo?

- MA: Me gusta alternar una novela con un ensayo. No siempre se ha dado as�. A veces aparecen dos novelas seguidas o dos ensayos seguidos. Pero alterno porque los dos me resultan igualmente c�modos y expreso como un pacto con mis lectores. Uno puede sentirse muy bien en un bar con un amigo y comiendo con la familia. Son dos �mbitos distintos. Se producen expresiones tambi�n distintas y complementarias.

- AC: �Qu� recuerdos tiene de sus primeros cuentos, y de la novela El oriental?,  de m�s de doscientas p�ginas,  que escribi� a los doce a�os?

- MA: Eran escrituras muy fantasiosas con inocultables influencias externas. Tomaban los modelos de los libros que en ese momento le�a, pero que constituyeron una etapa muy �til porque me dieron los instrumentos del escritor. Oficio que se aprende en esas p�ginas secretas que uno va pergeniando a lo largo del tiempo.

- AC: �Y qu� cualidades cree usted que necesita un escritor para llegar a ser bueno en su oficio?

- MA:  Bueno, primero tener ciertas dotes expresivas y un intenso deseo por escribir. En segundo lugar someterse al entrenamiento de aprender la lengua. Y en tercer lugar leer mucho. Yo creo que si las tres cosas no se dan es muy dif�cil que uno pueda llegar a escribir de una manera satisfactoria, por lo menos para uno mismo. Uno se asombra ante los genios de la historia en cualquier rama de la historia del arte. Muchas veces se asocia esa genialidad a la locura. Pero no podemos dejar de reconocer que todos ellos dominaban su oficio. Que Mozar,  por ejemplo, compon�a porque sab�a leer y componer m�sica.

- AC:  A prop�sito, se sabe que usted es un buen pianista,  que lleg� a dar conciertos y hasta escribir un ballet. Y que a los 19 a�os su maestro le aconsejaba dejar todo y continuar su carrera musical en Estados Unidos.

- MA: Es cierto, durante mucho tiempo supuse que la m�sica era mi verdadera pasi�n. Y le dediqu� muchos a�os y horas al estudio, no solamente del piano, sino tambi�n a la armon�a y a la composici�n. Pero lleg� un momento que me di cuenta que no era mi real vocaci�n. De modo que lo que ven�a manifest�ndose de una manera callada o m�s modesta, como fue la literatura,  termin� por prevalecer.

- AC: �Y entonces por qu� decidi� estudiar Medicina, y no Humanidades, por ejemplo?

- MA: En aquella �poca yo viv�a en la ciudad de C�rdoba y hubiera deseado estudiar Letras, historia o alguna carrera de corte human�stico. Pero en esos a�os, la Universidad de C�rdoba (una de las provincias centrales del pa�s), por lo menos en �stas �reas,  estaba dominada por un grupo muy cavernario, arcaico y fascista admirador del franquismo. Por lo tanto, el humanismo que hubiera aprendido all� ni siquiera hubiera merecido llamarse humanismo. Entonces no me qued� opci�n que buscar una carrera que me acercase al hombre en su integridad,  y decid� seguir medicina. De lo cual no me arrepiento, porque el m�dico es el espacio hacia donde acuden todos los conflictos del ser humano. Y uno aprende a ponerse en contacto con el dolor y la muerte,  y entiende m�s a fondo la complejidad humana.

- AC: Sin embargo, le� que se ha desilusionado de la psiquiatr�a, de la neurolog�a y del psicoan�lisis...

- MA:  Cuando yo me recib� de m�dico quise ser primero psiquiatra. Pero la psiquiatr�a en C�rdoba era muy arcaica. Estaba limitada al electroshock, a los chalecos de fuerza, a las duchas fr�as. De manera que no era muy atractiva. Por eso me dediqu� a la neurolog�a y despu�s pas� a la neurocirug�a, que era una especialidad que en ese momento estaba en su apogeo y que promet�a curaciones espectaculares. Pero luego de un tiempo tambi�n la neurocirug�a me produjo una situaci�n de crisis personal. Por un lado ten�a que estar encerrado en el quir�fano haciendo cirug�as de alta complejidad, pero estaba desconectado del ser humano, de sus peque�os y cotidianos problemas. Por eso a los 40 a�os decid� dar un salto muy riesgoso. Que era dejar la neurocirug�a, donde por cierto me estaba yendo muy bien, para realizar mi formaci�n psicoanal�tica, que tambi�n cumpli� su ciclo.

- AC: En aquella �poca usted viv�a en  R�o Cuarto (ciudad del interior de la provincia de C�rdoba) �Qu� recuerdos tiene de ese lugar?

- MA:  Viv� en R�o Cuarto 11 a�os, cuando volv� de Europa donde me especialic� en neurocirug�a. All� tuve experiencias muy importantes, especialmente para mis dos primeras novelas. En ese tiempo fue donde me cas�. Casi todas las horas estaban dedicadas a la profesi�n de neurocirug�a. Pero empec� a escribir en forma m�s intensa. Y fue all� donde publiqu� dos novelas. Una de las cuales fue La cruz invertida, con la que gan� el concurso de la Editorial Planeta. Como este premio es de una gran trascendencia, determin� que mucha gente creyera que yo siempre fui de R�o Cuarto. Fueron a�os muy felices. All� nacieron mis primero tres hijos. Y All� empez� a despuntar mi carrera literaria.

- AC: �C�mo ve a las nuevas generaciones de escritores argentinos y a sus literaturas?

- MA :  Los veo con muchas dificultades. Ya no podemos hablar de escuelas literarias como ocurr�a tiempo atr�s. Tenemos algunos nombres sueltos, muy respetables y valiosos, pero con altibajos. Quiz�s nos falte la perspectiva para poder juzgarlos con mayor claridad. Hay una gran cantidad de gente que escribe bien y que lamentablemente no puede hacer conocer su obra como le gustar�a. Yo recibo centenares de libros que muestran un fervor creativo, pero lamentablemente por las condiciones del pa�s no traducen en �xitos. Y no porque las editoriales no quieran publicar,  porque en definitiva su negocio es ese.

- AC: Luis Bu�uel dijo de usted que "su profundo sentido �tico, pol�tico y social lo ha impresionado". Esta declaraci�n aparece en una de las solapas de El atroz encanto de ser argentinos. �Fue amigo de �l?

- MA: No precisamente amigo, pero cuando apareci� La cruz invertida �l me mand� una carta desde M�xico en la cual elogiaba el libro y me expresaba que ten�a ganas de filmar una pel�cula sobre la novela, ya que enganchaba con muchas de sus obsesiones. Y luego me escribi� dici�ndome que ya ten�a contrato para filmar otras tres pel�culas; estaba avanzada su edad y tem�a que no le iba a alcanzar la vida para poder filmar lo que ya ten�a programado. Lamentablemente, este pron�stico se cumpli�.

- AC: �Lleg� a conocerlo personalmente?

- MA: No, fue todo por correspondencia. Y desde luego hubiese sido una gloria que Bu�uel filmase La cruz invertida.

- AC: Igualmente la pel�cula se film�.

- MA: S�, en el a�o 1984 se hizo el film en la Argentina con un elenco de primera en el que participaron los mejores actores de nuestro pa�s. Lo hicieron formando una cooperativa con un entusiasmo y una vocaci�n admirable, ejemplar. Lamentablemente, la pel�cula no ten�a recursos y la producci�n era extremadamente pobre y esto conspir� contra el film.

- AC: �En qu� proyectos se encuentra embarcado en este momento?

- MA: Estoy trabajando la traducci�n de la Gesta del Marrano al ingl�s. Lo que determina algunos ajustes, ya que para un lector que no es latinoamericano hay t�rminos que le resultar�an muy dif�ciles de comprender. Por otro lado, he terminado de corregir el libro relativamente nuevo que publicamos con monse�or Laguna. Que re�ne los dos libros anteriores que escrib� con �l, y en el que incorporamos una serie de pr�logos sobre la situaci�n actual del pa�s. Y tambi�n voy a trabajar pronto en la correcci�n de lo que se ha desgrabado de nuestros encuentros con Jorge Bucay.  A su vez tengo como tres libros que me est�n dando vuelta en la cabeza desde hace tiempo. De modo que en cualquier momento uno de esos temas va a lograr ponerse a la cabeza de los otros y seguramente empezar� a escribir.

- AC: �Me podr�a cu�les son esas tem�ticas?

- MA: Prefiero no decirlas para no entrar en conflicto con ellas.

- AC:  Dicen que usted se identifica con  Maim�nides (m�dico y humanista jud�o del siglo XII) como si fuera su reencarnaci�n.  �Qu� puede decir al respecto?

- MA: Fue un personaje que decid� explorar porque pensaba que a trav�s de ese ejemplo iba a poder resolver mis propias dudas. Precisamente, porque yo estaba estudiando medicina y ten�a inquietudes human�sticas. Entonces busqu� a una persona que era  prerrenacentista y que lleg� a ser un gran m�dico y al mismo tiempo un humanista de extraordinaria trascendencia.

- AC: �Qu� piensa de Internet y la nueva forma de comunicaci�n?

- MA:  Creo que debemos celebrar el progreso. Aunque muchas veces produce fundados temores de que va a generar la cancelaci�n de formas que tuvieron hasta ese momento mucha vigencia. La imprenta de Guttember, por ejemplo,  signific� la muerte de los virtuosos escribas que ahora admiramos solamente en los grandes museos. La aparici�n del cine signific� un vuelco muy importante para el g�nero teatral. Y no hay duda que con la aparici�n de Internet pasa lo mismo. Pero no siempre significa que lo que exist�a antes sea eliminado. El teatro contin�a a pesar del cine. Se sigui� escribiendo cartas a pesar del tel�fono.  Internet exige leer r�pido y comprender r�pido tambi�n. Lo que significa que la letra escrita est� muy lejos de desaparecer. Pero quiz� la forma del libro pueda sufrir algunas modificaciones. Por ahora yo dir�a que todo esto sirve para que se publique y para que se lea m�s que nunca.

Buenos Aires, julio de 2001

 

Por Alejandro Cavalli / LibrUsa

 

 

 

 

 
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