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Entrevista con el escritor

    Mario Capasso

  

" Uno, al leer, se convierte también en autor del texto que está leyendo..." 

                                                              Bs. As, 13 de junio de 2005    

 

 

 Todo escritor presupone una concepción del mundo. En el universo capassiano conviven elementos cotidianos con situaciones extrañas que, más allá de sorprendernos, nos hacen repensar nuestra realidad.

 

Cuando creemos comprender el móvil que guía a sus personajes, éstos mutan hasta despojarse de su disfraz para  mostrarnos su verdadera personalidad. Cuando creemos encontrar en su relato cierta maquinaria narrativa,  Mario Capasso prefiere destruirla para quedarse con los "escombros". Escritura de la disconformidad y búsqueda de nuevas formas de expresar constituidas esencialmente por una tensión que subyace a nuestra realidad.

 

En esta entrevista podemos apreciar al escritor en varias facetas que en sus libros no es posible atender, repasando  su historia, la génesis de sus obras, sus influencias y los proyectos venideros. Desde Autoresdeargentina esperamos que disfruten de ella tanto como nosotros de su obra.

 

Germán Echeverría 

                                                                                                             

 

  

AdA (G): En primer lugar, felicitaciones por la edición de su último libro Piedras Heridas que obtuvo el Segundo Premio (Género Cuento) en el concurso del Fondo Nacional de las Artes. Allí usted presenta una variedad de personajes y situaciones las cuales muestran cierto trasfondo absurdo e imaginario de la realidad. En su novela El Edificio también se encuentran alusiones semejantes, ¿cree que nuestra realidad posee dichas características y en ese sentido, usted las estaría expresando o es una forma de realizar una crítica? 

 

CAPASSO: Muchas gracias por las felicitaciones, sí, creo que el premio se jerarquiza por el jurado que lo otorgó, Vicente Battista, Ana María Shua y Juan José Hernández fueron sus integrantes. 

Yendo a la pregunta, a mí me parece que la realidad, lo que comúnmente llamamos realidad, o sea el mundo tal cual se nos presenta, o como lo observamos en principio, posee distintos niveles de graduación, o de espesor, por decirlo así. En ese sentido, creo que lo que percibimos es apenas una parte del todo, lo que aparece en la superficie apenas, que no por eso carece de ambigüedad y es pasible de tantas miradas como ojos existen en el mundo, lo que le otorga la oportunidad de ser objeto de discusión, de convertirse en materia para producir arte. Ahora bien, creo que los escritores, los artistas en general, buscamos ahondar en otras capas de la realidad, digamos que más profundas, y la intención es hacerlas visibles, para uno y para los demás. Para tal fin nos valemos de las armas o de las técnicas que tenemos a mano o que creemos más o menos dominar. Si tenemos la suerte de lograrlo, si, en el caso de la escritura, se logra trasladar a un texto esa otra capa de la realidad de la que hablaba recién, el resultado obtenido siempre será producto de una visión personal, creo que eso es inevitable, y si, además, ese traslado a la palabra escrita posee fuerza narrativa, algo que a mí y a otros nos gusta llamar tensión, y deja también entrever ciertos valores estéticos, puede llegar a producir en el lector esa sensación de estar descubriendo, penetrando durante el acto de la lectura, ese nivel de realidad que al principio permanecía oculto. Y cuando eso ocurre, cuando el lector descubre y se descubre, pues bien, creo que en ese momento el circuito se cierra, o más bien parece cerrarse, porque posteriormente, si el texto deja una huella, esa huella seguirá su camino y cambiará de forma y se mostrará de otra manera, y así sucesivamente.  

 

AdA (G): Cuéntenos un poco acerca de su libro anterior El Edificio que contiene un universo tan rico y particular. ¿Cómo surgió la idea y cómo encontró ese tono, en cierto modo humorístico, de narrar la historia?

 

CAPASSO: El tono, que según parece a veces resulta lo más difícil de encontrar al momento de narrar una historia, surgió, aunque de una manera apenas presentida, diría que casi por un instinto literario. El hecho tuvo lugar cuando de casualidad se me ocurrió una frase que guarda cierta similitud con la que inicia el relato. Claro que digo que fue de casualidad y no estoy tan seguro de esa afirmación, como no lo estoy de ninguna otra que pudiera aparecer en esta nota. La cuestión es que en ese momento andaba a la búsqueda de algo que me permitiera continuar escribiendo y que me ocupara el mayor tiempo posible, quería escribir mi primera novela, la verdad, y entonces, cuando esa frase vino a mí, supongo que fue motivada por la búsqueda anterior, y con su hallazgo presentí un universo en principio muy amplio e interesante, que poco a poco fue tomando forma hasta llegar, luego de bastante trabajo, por cierto, a convertirse en un libro que, como ocurre con casi todos los libros, espera ser transformado, inevitablemente perfeccionado por los lectores.

Cuando comencé esta novela participaba del taller literario que coordina Nilda Adaro, en la zona de Florida. Luego me integré a un grupo maravilloso de personas, que coordinaba el escritor Federico Jeanmaire, y con ellos recorrí los tramos finales de la escritura de El edificio, tramos finales bastante prolongados y enriquecedores, por cierto. Así que aprovecho a agradecer el valioso aporte de todos mis compañeros en los talleres que he mencionado.

 

 AdA (G): ¿Cuándo comenzó a escribir y qué lo decidió a emprender la elaboración de un libro? 

CAPASSODurante los primeros meses del año 1997 comenzó a aparecer en mi ánimo la intención de ver qué pasaría si, a partir de la gran cantidad de lecturas acumuladas, me largaba a escribir y generaba un texto. Hice eso, escribí algunas cosas y se las di a leer a un par de personas de mi confianza y que conocían del tema, a efectos de recibir las respectivas opiniones. Recuerdo que fueron días de mucha expectativa. Las opiniones que merecieron los cuentos me estimularon a continuar, y más que nada a tratar de aprender algo del oficio, y así fue que en octubre de ese mismo año me integré al taller literario que coordina la escritora y docente Beatriz Isoldi, lo que resultó una experiencia de gran valor y que traté de aprovechar al máximo. Allí sucedieron las cosas de una manera que, al menos a mí, me resulta curiosa: con cada concepto nuevo, con cada sugerencia o aporte que recibía, tenía la sensación de lo no novedoso, percibía que lo que se me decía ya estaba, de una forma misteriosa por cierto, incorporado a mi conocimiento.

Mi primer libro fue editado en noviembre de 1999, es un libro de cuentos cuyo título es El futuro es un tropel absurdo, y fue producto del entusiasmo que se generó en mí a partir de un comentario que, acerca de uno de los cuentos que luego integraron el volumen, recibí del periodista cultural Osvaldo Quiroga, al que encontré de casualidad en una confitería de la calle Florida y al que le hice alcanzar el original de un texto. Luego recibí de su parte, a través de un llamado telefónico, palabras de aliento y, con ese entusiasmo que recién mencionaba, me puse a revisar y a corregir lo que había escrito hasta ese momento, descarté varios trabajos y me decidí a publicar algunos de esos primeros cuentos. No sé, a veces pienso que tal vez debí haber esperado un tiempo más, puede ser, pero el libro en general recibió críticas positivas, y fue una manera de comenzar este camino.

 

AdA (G): ¿Qué escritores influyeron en usted o en su escritura? 

 

CAPASSOSupongo que todos, sí, en mayor o menor medida todos los libros que leí influyen en mi escritura. Lo que pasa, me parece, es que a la gran mayoría de esos libros me acerqué cuando no estaba para nada en mis planes convertirme en un escritor, esto dicho teniendo en cuenta que uno, al leer, se convierte también en autor del texto que está leyendo. Y retomando la idea de mi ignorancia respecto al efecto que tendrían esas lecturas, diría entonces que me influyen de una manera no demasiado consciente, porque no guardo tampoco un recuerdo muy vívido de los relatos leídos, sino que más bien advierto en mi memoria una cierta reminiscencia de su tono, de su atmósfera, solamente al repasarlos vuelven a mí de manera más o menos precisa las escenas o situaciones o personajes. Menciono algunos nombres en la certeza de que la lista es mucho, muchísimo más larga, tan larga como heterogénea, y entonces aparecen en completo desorden Kafka, Poe, Hesse, Vian, Dostoievski, Céline, Tolstoi, Goethe, Dickens, Flaubert, sí, estos y otros grandes escritores me acompañaron al principio y, por supuesto, lo siguen haciendo y ojalá aparezcan de alguna forma en mis relatos.

 

AdA (G): ¿Por qué escribe?, ¿para llevar a cabo un hecho estético, para transformar la realidad a modo de los escritores "comprometidos" o porque tiene la necesidad de expresarse a través de la escritura?

CAPASSOMe parece que escribo por los tres motivos que se mencionan en la pregunta y tal vez por otros más, sí, supongo que me impulsan también otros motivos. Pero quisiera detenerme un poco en el segundo caso, donde aparece el hecho, como intención previa, claro, de que uno al escribir busque transformar la realidad asumiendo un determinado compromiso. En mi caso yo diría que no creo que eso esté a mi alcance a nivel social, digamos; en mi opinión, y seguramente en la opinión de quienes han leído algo que he escrito, nada de lo que yo pueda escribir producirá ningún efecto a ese nivel. A lo que sí aspiro, así como a mí como lector algunos libros me han en cierta forma transformado, es a que alguna frase de mis relatos produzca un cambio en el otro, no me refiero a un cambio fundamental, no podría ser tan desmedido en mi ambición, pero sí tal vez conseguir en el espíritu del lector una vibración al menos, una emoción estética o de otra categoría, una cierta resonancia que luego siga su destino y que, quién puede saberlo, a lo mejor algún día regrese a mí, hecho del que seré totalmente ignorante, ya que no sabré reconocer si tal cosa se habrá producido, lo que me parece una posibilidad fascinante, muy inquietante también, tal vez una suma de lo que entiendo es lo literario.

AdA (G): ¿Cómo es su proceso de trabajo?

CAPASSOMi horario habitual se sitúa entre las cuatro y las seis y media de la mañana, más o menos, a veces me levanto antes, preparo el agua y acomodo la yerba y me tomo unos cuantos mates. Más tarde realizo otro proceso de trabajo bien distinto del que se alude en la pregunta, un trabajo que me permite ganar algunos pesos, que si no, en fin; los fines de semana por suerte me puedo estirar algo más y consigo dedicarle más tiempo a la escritura. Claro que este horario no corresponde a una libre elección de mi parte sino que es el que me corresponde debido a la adorada e invalorable presencia de mi hijo Martín, que tiene en estos momentos catorce años y suele permanecer frente a la computadora algunas horas del día, y de la noche.

Respecto al proceso de trabajo en sí mismo, diría que procedo por acumulación, o sea, a partir de una idea o de una intuición o de una frase que se me ocurre puede ser merecedora de un tratamiento narrativo, comienza el trabajo, muy gratificante para mí, de acumular material, que luego bien puede convertirse en un cuento o en una novela, eso depende no sé muy bien de qué. También durante el proceso quito cosas, elimino frases y párrafos, me planteo distintas cuestiones y tomo decisiones y a veces me arrepiento y vuelta a empezar, por supuesto, pero en general los textos se van expandiendo y tratar de encontrarles la medida más o menos justa no es muy fácil pero es lo que intento.

AdA (G): ¿Cuáles considera que son las características de su escritura?

CAPASSOMe resulta bastante complicado contestar esta pregunta, pero procuraré hacerlo de la mejor manera posible, o de la manera que encuentre en estos momentos, ya metido de lleno en el baile y con la esperanza de no espantar a nadie que tenga la idea de hojear alguna página de alguno de mis libros. Más que exponer mi pensamiento al respecto, me interesa recibir las opiniones de los lectores, pero en fin, veamos qué puedo decir. Al parecer, la mayoría de mis textos son muy urbanos, muy porteños me han dicho algunos lectores del interior, sin que ello les haya parecido un desmérito, o al menos así lo entendí yo. También podría decir que las distintas historias se desarrollan en ambientes cotidianos, fácilmente reconocibles. Ahora, lo que suele suceder es que en los relatos aparecen, dentro de esa cotidianeidad, uno o más elementos extraños, lo que nos lleva un poco al tema de la primera pregunta de esta entrevista acerca de los niveles de realidad posibles de ser percibidos. Lo que quiero decir es que la aparición de lo extraño inserto en lo cotidiano produce, eso creo, un efecto de perturbación en el ánimo del lector, esa es una de las aspiraciones que me guían, digamos. Los personajes suelen ser personas comunes, y como tales muchas veces no comprenden del todo lo que les está pasando, si es que les pasa algo, y como el tipo de narrador que suelo utilizar está muy ligado a uno de los personajes, sucede que el relato queda impregnado de la experiencia del que narra y entonces el texto no puede evitar la ambigüedad y la incertidumbre, cosa que por supuesto es totalmente buscada por mí en cuanto autor, ya que en mi extenso pasado como lector eso era lo que pretendía recibir, una versión parcial de los hechos, versión unilateral fácilmente refutable, imposible de ser aceptada como verdad absoluta. Otra cuestión que me interesa, y que por supuesto no sé si alcanzo a lograr, es combinar, en la medida de mis posibilidades, el fondo y la forma; trato que, al menos en mi percepción, la forma de narrar una historia determinada parezca ser la única posible, cuando en realidad es la única que pude hallar, por esto tengo la impresión de que mis cuentos se diferencian bastante entre sí, lo mismo ocurre con las novelas, o al menos, como dije, esa es mi búsqueda. 

AdA (G): ¿Cuáles son los escritores argentinos que más le gustan y cuál cree que es el nivel de la literatura argentina?

CAPASSOEl nivel de la literatura argentina me parece en verdad muy bueno. En una respuesta anterior, donde me preguntaron acerca de qué escritores me influyeron, mencioné sólo a autores extranjeros, y lo hice para respetar un orden cronológico, ya que a ellos me acerqué más tempranamente. Pero en la actualidad mis lecturas, luego de pasar por los argentinos quizá más importantes y representativos, Borges, Arlt, Cortázar, Marechal, Moyano, Di Benedetto, se concentran en mis contemporáneos, que, dentro de una diversa gama de registros, con evidentes diferencias en las propuestas, nos brindan una literatura a mi entender muy poderosa y rica en cuanto al material ofrecido. Toda lista de preferencias es inevitablemente limitada y arbitraria y cargada de omisiones que bien pronto saltan a la vista, y además hay muchos escritores a los que todavía no he tenido oportunidad de conocer. En este momento se me ocurren los nombres de Federico Jeanmaire, Alan Pauls, Gustavo Nielsen, Ana María Shua, Liliana Heker, Abelardo Castillo, Sergio Olguín, Pablo de Santis, Guillermo Martínez, Sergio Chejfec, Griselda Gambaro, Héctor Tizón, Juan José Saer, que murió hace pocos días, y la lista sigue, por suerte es larguísima y muy variada en cuanto a las estéticas de cada uno, como habrán podido apreciar, y cargada de un gran afecto e interés por nuestra literatura, la que habla más de cerca sobre nosotros, la que mejor nos representa, sobre todo en el lenguaje utilizado.   

AdA (G): ¿Cuál es su próximo proyecto?. Si bien no puede contar demasiado, me interesaría saber si sigue desarrollando ciertos elementos que se encuentran en sus libros anteriores como el humor, ciertas situaciones absurdas, el juego con el lenguaje o la ambigüedad de las palabras.

CAPASSOSí, es verdad, mucho no puedo comentar porque la idea es, en un futuro más o menos próximo, presentar las dos novelas que estoy escribiendo a probar suerte en algunos concursos.

Una de ellas está en sus tramos finales, la estoy corrigiendo ya desde hace bastante tiempo, y como en determinado momento me había aburrido un poco, inicié otra cosa para ver si daba como para convertirse en otra posible novela, cuando me convencí de eso, la dejé y retomé la anterior que, como dije, está prácticamente terminada y será sometida al dictamen de los jurados en algún concurso. Los dos transcurren en el mismo ambiente, digamos, el mismo escenario con algunas situaciones que se repiten, aunque también existen algunas diferencias, y ambas mantienen, sobre todo la que estoy terminando, en mi opinión, esas características de mis libros anteriores que se mencionan en la pregunta. Sí, creo que sí, seguramente en una proporción distinta según los casos pero creo que es una regla generalizada el no poder despegarse de ciertas cuestiones que al parecer llevamos a cuestas más allá de nuestra voluntad y que, a la hora de escribir  algo nuevo, en cierta manera, otorgan al mismo tiempo un poco de ruptura con lo hecho anteriormente y mucho de continuidad. Ahora que lo pienso con más detenimiento, la segunda novela, la que está a mitad de camino, digamos, me da la impresión de que abandona esos elementos, tal vez no del todo, pero advierto en ella el intento de experimentar con otras posibilidades entre las tantas que nos otorga la literatura; ya veremos cómo resulta, si es que resulta algo al final, cosa de la que uno nunca puede estar totalmente seguro.

  

Por Germán Echeverría

 

 

 

 

 

 

 

 
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