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SALVA TU ALMA

(HERNAN ECHEVERRIA)

 

 

                                            

Cap�tulo II

 

 

Cristo y San Mart�n

 

 

La oficina de Zeballos era tan pobre como descuidada, apenas dotada de un escritorio y dos sillas ordinarias.

 

Un San Mart�n daba la sensaci�n de que mirara por detr�s y parec�a tambi�n desganado, aunque  el Cristo de madera impon�a algo m�s de respeto. Entre sus pies, sosten�a una ramita de olivo que alguien piadoso habr�a colocado hac�a mucho tiempo y nadie se hab�a ocupado de reemplazar.

 

Germ�n, desolado, tomaba agua de un vaso de vidrio grueso, pero sus manos temblaban pues estaba tratando de asimilar  la noticia de la muerte de su mujer y su amigo.

 

Zeballos, el oficial que ten�a delante, morocho, de unos cuarenta a�os y presencia desprolija, estaba a�n vestido con su uniforme azul, que no luc�a ni impresionaba.

 

Los �nicos que brillaban en el ambiente eran los dos soles grotescos sobre los hombros de Zeballos, que parec�an anunciar su jerarqu�a, aunque �l no la transformara en t�rminos autoritarios.

 

Estaba tipeando con dos dedos en su m�quina de escribir, rodeado de papeles que completaban la burocr�tica sensaci�n de oficina p�blica y la pobre emoci�n del desamparo que sent�a Germ�n.

 

-Oficial, el cuerpo de mi mujer, �me lo entregan ahora? Porque llevamos  horas ac� y no s� c�mo hay que seguir con todo esto -quiso saber.

 

-No, no se�or. Reci�n estamos escribiendo el sumario; por ahora, la causa es por "doble accidente fatal". Pero ya sabe, el Juez tiene que esperar la autopsia; despu�s vemos si cambia de car�tula o no -contest� Zeballos apenas levantando la vista.

 

         -�Autopsia? �Qu� significa? �Duda que se murieron, o de que se electrocutaron en la pileta? -pregunt� con muy mal modo.

 

-El tema -contest� Zeballos mientras encend�a un cigarrillo, sin convidar- es saber si fue un accidente o no, �me entiende? En la oficina del comisario est�n los de la embajada y quieren saber lo mismo, as� que esto reci�n empieza; encima, con un americano muerto -y sigui� escribiendo- se me complica bastante.

 

-�Y la embajada qu� tiene que ver en esto?

 

-Es normal que pregunten cuando muere alg�n americano; si es importante, lo hace la embajada y si no, vienen del consulado; pero por una u otra causa, siempre husmean para ver qu� aparece.

 

-�Cu�ndo ser� eso, oficial? Porque no doy mas -se tiraba el pelo para atr�s con una mano, mientras se apretaba los ojos con la otra- estoy destruido y quisiera volver a mi casa, ducharme y tratar de entender todo esto que parece una pesadilla -Germ�n mostraba un evidente fastidio.

 

-Hay que consultar al Fiscal cuando termine su declaraci�n; la estoy pasando a m�quina, me pone su firma y despu�s vemos qu� se decide con usted, el cuerpo de su mujer y las dem�s cosas.

 

-�Qu� tiene que ver conmigo?

 

-�Su situaci�n! �Se imagina? Usted se va de su casa con rumbo desconocido, y al instante mueren en la pileta su esposa y su amigo; por lo menos, es sospechoso.

 

-No es mi amigo, pero da lo mismo.

 

-Me refer�a al amigo de su esposa, �no? -replic� Zeballos.

 

-S�, ya entend�, era amigo de mi esposa, si a eso se refiere.

 

-�Bueno! Al menos reconoce que ten�a un amigo, y en estos casos  ya es algo que ayuda. Nos podr� hablar de �l, seguramente.

 

-S�, no mucho, pero algo; lo vi en estos d�as y, antes, en Punta Cana; pero preferir�a reponerme un poco antes de hablar de ellos.

 

-Ya vamos a hablar, entonces; no se preocupe que habr� tiempo -dijo Zeballos, como gran conocedor.

 

-Para hablar de ellos, �no est� Sally ac�? -y trat� de ver la guardia por la ventana, simulando no haber escuchado a Zeballos- anoche se qued� a dormir en el Sheraton; pero, en realidad, ella es la compa�era de Michael; los dos son norteamericanos, �le avisaron ya? 

 

-Buena pregunta, hablamos al Sheraton y ya la hab�an ido a buscar de la embajada, que nos ganaron de mano. �No estaba viviendo en su casa tambi�n?

 

-S�, le dije que era la compa�era de Michael, pero anoche no vino; ten�a habitaci�n paga, por el seminario creo, y decidi� usarla  justamente anoche. �Mar�a tampoco esta ac�? �Est� en mi casa? -Germ�n no sab�a por qui�n m�s pedir.

 

-Est� aqu�, pero en otra oficina, incomunicada hasta que declare. 

 

-�Qu� quiere decir eso? �No puedo verla para saber qu� pas� con mi mujer o c�mo sucedi� el accidente?

 

-Por ahora no, Garc�a; tenemos con ella otro problemita y lo voy a tener que solucionar antes de que hable con nadie, y parece que no tiene ganas de hablar.

 

-�Pobre Mar�a! Es como una hija para m�, tambi�n debe estar muy mal, �no? 

 

-No s� si est� mal, o se hace. �Pero conmigo no va a joder mucho! Salvo orden del Juez, la voy a dejar pegada hasta que hable, recupere la memoria, o pasen las dos cosas simult�neamente.

 

Un viejo tel�fono negro tron� interrumpi�ndolos. Zeballos levant� el tubo con displicencia, mientras se tiraba para atr�s sobre la silla, hamac�ndose como si tomara impulso para hablar.

 

-Principal Zeballos, Torcuato, Tigre Segunda. �Ah! Perdone, Jefe, cre� que era un llamado de la calle, �qu�? -dijo mientras escuchaba un minuto a su interlocutor con cara de asombro? �lo despacho? �Jefe! �No entiendo nada! �Voy!

 

-�Ya vuelvo! -explic� visiblemente molesto, tirando varios papeles sobre su escritorio y llevando la declaraci�n de Germ�n en la mano -�gringos de mierda!- su voz se alcanzaba a escuchar desde el pasillo, refunfu�ando.

 

Minutos despu�s, un Oficial jovencito se present� ante Germ�n y lo mir� con curiosidad.

 

-�Se�or Garc�a? - pregunt� ingenuamente el Oficial Palacios- el Oficial Zeballos lo va a citar otro d�a. Por ahora, no lo necesita; puede retirarse y llamar a la cocher�a, si quiere. Le voy a entregar el cuerpo de su esposa.

    

 

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