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Jorge Luis Borges
La patria es algo que se siente, no puede definirse. Yo la siento muy profundamente. Si la definimos, estamos diluyéndola en palabras.
(frag mentos de la entrevista con Bernardo Neustadt en Tiempo Nuevo, Revista Extra nro. 133, Julio 1976).
Marcos Aguinis
Nos encanta ser argentinos, nos desespera irnos del país y no poder volver, y sin embargo qué difícil nos resulta mantener esa convicción y seguir luchando. Es decir: hay una densa atmósfera de pesimismo que desalienta, y de la cual pareciera que no podemos desprendernos. Por eso este libro (El atroz encanto de ser argentinos) lo escribí con pasión y con dolor, con ganas de entender lo que parece absolutamente ininteligible, que es esta paradoja perpetua que somos los argentinos y nuestro país.
(fragmento de nota, diario Clarín)
Héctor Tizón
Para mí, la frontera es, ante todo, misteriosa. Porque no es el país sino su límite y eso la emparenta con lo extranjero, con otras culturas, con otras formas de ver y de sentir. Por eso se la asocia con el intercambio pero además, la frontera es muy significativa también como imagen del borde, de la cornisa. En verdad, no creo que la Argentina se sienta distinta o se vea menos desde aquí, su norte más norte. Cuando me preguntan por qué diablos vivo acá lo primero que contesto es que ya nada es lejos de nada. La distancia hoy no se mide en kilómetros ni en millas, sino en dólares y cada vez más asequibles. Y en segundo lugar, creo que un escritor lo que necesita, básicamente, es tiempo y el tiempo en las ciudades grandes es muy caro. Aquí, en cambio, el tiempo es barato. ¿Ve? (señala hacia una plaza). Aquellas mujeres están hablando de la vida, que quiere decir hablando un poco de todo o charlando de nada, sólo por charlar. Pueden pasar meses así. No las apura nadie. Yo siento lo mismo. Me levanto temprano por la mañana y mientras el sol me llena de luz el escritorio, escribo. Si me empantano, renuncio a la computadora y sigo a mano. Soy juez, leo, converso con la gente, duermo la siesta... para mí la frontera es rica, muy rica. Creo que un hombre puede nacer y renacer muy pocas veces en su vida. Yo he intentado renacer en otro lugar y creí haberlo logrado durante un tiempo largo, pero después me di cuenta de que mi lugar de origen era mejor que aquel otro -España- en el que había sobrevivido al exilio y estaba echando raíces. Y volví. No es una falta que un hombre no quiera ser del lugar donde nació y trate de irse a otro lado. Lo que sí es lastimoso y se da a menudo es pensar que los lugares de prestigio lo prestigian a uno. He visto en ciudades estupendas una cantidad de imbéciles suficiente como para saber que vivir en París o en Nueva York, por sí solo, no prestigia a nadie.
(fragmentos de nota de Raquel Garzón, diario Clarín Digital, 29-08-99)
Alicia Dujovne Ortiz
No me hubiera ocupado jamás de Maradona, ni probablemente tampoco de Eva Perón, ni de los temas de tango que estoy tocando ahora, sin la experiencia del exilio. Simplemente porque cuando estaba en Argentina soñaba con París; al llegar a París, el sueño ya estaba realizado y entonces ¿con qué voy a soñar si no es con lo que dejé detrás de mí, y por qué no con un país misterioso, con el que jamás había tenido relación o con el que no había creído tener relación?
(fragmento de nota de Ana Larre Borges, Brecha nro. 603, Uruguay)
Reina Roffé
¿Cuál es tu lugar?
Creo que para un escritor, por sobre todas las cosas, su verdadero lugar es aquel desde donde escribe, un lugar interno que va con él a todas partes y que está constituido por la memoria, una memoria enraizada en su infancia, en el sitio que lo formó y le dio sus primeras y determinantes experiencias de la vida; ese sitio también lo constituye la lengua, la lengua materna que caracteriza las inflexiones de su voz para decir, para contar. Yo me he ido de la Argentina en varias ocasiones, pero siempre escribo sobre el país, sobre Buenos Aires. Evidentemente, Buenos Aires es para mí el lugar soñado y al que, de una u otra manera, siempre vuelvo. Borges también decía lo mismo.
(fragmento de nota de María Esther Vazquez, diario La Nación Cultura)
Guillermo BelgranoRawson
Es el Buenos Aires del sida, del rock. El Buenos Aires de las privatizaciones, de los coreanos, del tercer mundo, el de los hospitales, el de la noche policial. Esa ciudad que se está convirtiendo cada vez más en una megalópolis parecida a México D.F. o Nueva York. Claro que no se ha escrito tampoco la novela del desierto, de los indios. Y hemos hecho diez versiones distintas de Drácula. No digo que haya que ponerse a escribir con el libro de historia argentina de Astolfi bajo el brazo, pero nadie ha escrito sobre Calfucurá, por ejemplo
(fragmento de nota de Monica Sifrim, diario Clarín, Cultura, 30-08-09)
Guillermo Saccomano
Hace diez años que vivo en Villa Gesell y vengo a Buenos Aires sólo para dictar el taller literario. El trabajo me ordena la vida. Trabajo en lo que me gusta y en ese sentido me considero un privilegiado."
(fragmento de nota de Verónica Chiaravalli, diario La Nación, Cultura, 18.08.99)
Alberto Guirri
Nací en esta ciudad, la conozco bastante, y en raptos de optimismo pienso si la entonación de mis poemas no corresponderá al pulso íntimo de lo que son -o fueron, para ser veraz-, sus calles, gentes. Un peculiar distanciamiento, cierto sentimentalismo. Es cierto, el Buenos Aires de hoy sugiere un cuerpo en decrepitud. Una fachada detrás de la cual se mueve la desidia, la autodestrucción. Y, sin embargo, también de allí se extrae una convivencia; ¿quien sabe, de seguro, par qué necesitamos ser condicionados? Además, si se aceptan tales reglas de juego, se adecua uno a tales cosas, renuncia a otras, las condiciones propicias no difieren de las de cualquier gran ciudad. El anonimato, la posibilidad de aislarme, son ventajas de las que nunca Buenos Aires me privó del todo. El lugar es importante, de acuerdo, pero lo decisivo es que la vocación (sus particularidades, vicios...) se arraige en uno haciéndola coincidir con energias, ámbitos y circunstancias que la sostengan. Ni todos los escritores porteños "trascienden", ni basta con que un escritor del interior se traslade a Buenos Aires para conseguirlo. Supongo que la atracción de la gran ciudad, su carácter de centro editorial y de publicaciones, unido a cierta dureza, rasgo nada despreciable para la formación de un escritor, sugieren las causas principales. Pero el fenómeno no es ni fue exclusivo de nuestro ámbito. Antes y después de Wilde, bandadas de escritores irlandeses descendieron sobre Londres. La generaci6n de los Hemingway y Scott Fitzgerald se afincaba en París. Aunque no faltan casos ilustres de tozudez, inmovilidad y talent; Flaubert en Ruán, Faulkner en el Mississipi, y Quiroga y Juan L. Ortiz en el interior de nuestro país.
(fragmento de su libro Cuestiones y razones, ed. Fraterna 1987)
Pablo Urbanyi
¿Estar radicado en Canadá modificó su forma de escribir?
Creo que profundamente. Me llevó tiempo poder escribir «Puesta de sol», una novela sobre la Argentina. Tuvo que ver con un choque con un mundo totalmente distinto. En principio apareció como el paraíso perdido, luego fui descubriendo que detrás de esas pantallas, de esas empleadas atentas y de uñas pintadas, se escondían angustias y tragedias. Las tragedias de las familias tanto canadienses como norteamericanas. En la mayoría de los bestsellers norteamericanos el problema, o uno de los problemas, es el divorcio. Otro problema, la soledad o la incomunicación. Eso me invadió y me hizo alejarme de Buenos Aires. Con el tiempo fui volviendo. Lo que nunca perdí es el humor argentino. En mi caso, relacionado con el húngaro de mis orígenes.
(fragmento de nota de Máximo Soto, diario Ambito Financiero, 25-08-99)

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