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Jorge Luis Borges

Carlyle dijo: toda obra humana es deleznable, pero su ejecución no lo es. Y escribir desde luego da placer. Menos que leer, pero en fin, sería un grado menos intenso para mí; yo siento más placer leyendo que escribiendo... Al mismo tiempo, si un tema lo busca a uno, el único modo de librarse de él es escribirlo. Alfonso Reyes dijo que uno publica para no pasarse la vida corrigiendo los borradores. Lo que uno publica es un borrador, nunca es un texto definitivo." En cuanto al escribir, cada vez que me han preguntado eso, yo he dado la imagen de una larga isla. Y entonces, en el caso de un cuento, lo que me es revelado es el principio y el fin, el punto de partida y la meta. Ahora, lo que no sé es lo que hay, lo que sucede entre los dos. Eso tengo que inventarlo. Pero siempre sé de dónde salgo y adónde voy. Después tengo que descubrir muchas cosas: por ejemplo, si conviene que eso ocurra en las orillas de Buenos Aires o en Montevideo, en las fechas que conviene; la primera persona o la tercera; todo eso es importante. Y después, sobre todo, yo diría que lo más importante es la primera frase. Dar con la entonación que conviene. Es que yo creo que lo importante es la cadencia, ¿no? Las cadencias son más importantes que las metáforas o los epítetos.

(fragmento de entrevista de Mario Goloboff el 17.08.8 3)    

Andrés Rivera 

A mano, en cuadernos. Corrijo lo que escribo a mano y después hay dos o tres borradores a máquina. Los paso yo mismo. Primero, porque nadie va a entender las correcciones. Segundo, porque mientras tipeo también corrijo. Ese es un paso muy importante. Escribo por la mañana. Ese es el momento en que estoy fresco, en que puedo concentrar lo poco que pensé acerca de la novela. Y atiendo a lo que los grandes narradores dijeron sobre su trabajo. Hemingway decía que nunca había que abandonar lo que se escribe sin haber empezado algo. Cuando siento que terminó mi jornada, o que me estoy agotando, dejo dos o tres líneas que me servirán al día siguiente. También -otro consejo de Hemingway- releo todo lo que escribí.

(fragmento de nota de Miguel Russo y Gabriela Timann, La Maga, 03-04-96)

Pablo De Santis

Antes de sentarme a escribir tengo la novela pensada, la llevo conmigo como algo portátil, completo los detalles, y sólo me pongo a la tarea cuando ya está organizada. Hago, y muy rápido, un borrador a mano y luego lo paso a la computadora y entonces empiezo a corregir.  Tiene que ver con mi modo de sentir, me asusta un poco la computadora. La mano me da más intimidad con el texto, se presta mejor al ritmo del pensamiento. Después, a medida que avanzo, el borrador queda como una estructura lógica.

(fragmento de nota de María Esther Vazquez, diario La Nación, Cultura, 07-07-00)

Juan Filloy

A todo esto... nunca ha dejado de escribir a mano.
Nunca, porque los dedos son los extremos terminales de un impulso nervioso que viene del cerebro. Prefiero la escritura manual; es más estilística, más refinada. Con la máquina, expeditiva y diáfana, si bien es cierto, todo se agiliza, el estilo se vuelve más seco y pobre. Por eso yo hago primero mis manuscritos y recién entonces los transcribo.
¿Y todavía se mantiene fiel a su premisa de no dejar de escribir ni un solo día?
Ah... claro... aunque sea una sola línea, pero ni un solo día sin escribir. Escribir es para mí un vice impuni.

(fragmento de nota de Mónica Ambort, de Juan Filloy, El escritor escondido, Op Oloop Ediciones, 1992) 

Ernesto Sábato

Soy extremadamente irregular para el trabajo, y pasan periodos muy largos en que todo me parece abominable y dejo de escribir. Por otra parte, soy muy destructivo y casi todo lo que realizo lo tiro al canasto y en ocasiones lo quemo. ¿Planes? Sí, muchos, que luego se van alterando a medida que la ficción avanza, forzado por la vida propia que toman los personajes, siempre imprevisibles, al menos para mí. Corrijo mucho, y hay textos que han tenido hasta seis o siete o diez redacciones. Pero hay que tener cuidado con el exceso de corrección porque se puede dañar el material que surge desde la inconsciencia. También hay que tener cuidado (estoy hablando de ficciones) con el famoso "estilo". Julien Green, en su Journal, dice, con razón, que a menudo le agradeceríamos a Flaubert un estilo más suelto, más vivo, no esa joyería de epítetos que exhibe en ciertos relatos. No así en Madame Bovary, que es menos "literaria" y por eso mismo permanecerá cuando muchos de sus escritos nadie los lea. Cierta irregularidad, cierta rudeza está unida a la fuerza, y la fuerza es decisiva en novelistas como Dostoievski y Cervantes. Ambos, claro, acusados, por críticos que ahora nadie recuerda, de "escribir mal". Pero si genios como Dostoievski y Cervantes escriben mal, ¿qué será escribir bien?.

(fragmento de nota tomada del sitio El Túnel, correspondiente a la encuesta de escritores argentinos realizada en 1982 por el Centro Editor de América Latina).

Fernando Sorrentino

Mi estilo de trabajo es inexistente. Puedo pasar meses y años sin escribir absolutamente nada. No tengo ni quiero tener ninguna disciplina. Si, un buen día, se me ocurre tema para escribir un relato, muy bien, me siento y trato de escribirlo. Pero, si el tema se me resiste, si el relato no sale fácil y fluidamente, me digo "Esto no es para mí" y lo dejo. Por eso escribo tan poco: por una mezcla de pereza, de falta de contracción al trabajo y de la idea de que no tengo que escribir por escribir. La contrapartida de esto es que, si bien escribí muy poco, tuve la suerte de publicar prácticamente todo lo que escribí. Ahora sólo tengo inédito un libro de cuentos para adultos, y supongo que no pasará demasiado tiempo hasta que pueda publicarlo (tampoco me puse en campaña con la energía necesaria).

(fragmento de nota via mail de Jorge Oscar Rossi) 

Roberto Arlt

Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.

  

 

 
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