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Andrés Rivera

Bueno.... Yo nunca pensé a El farmer, digamos, como un cuento. No daba para un cuento. Tampoco para una novela extensa, pero sabía que debía novelarlo, que lo que yo intentaba decir iba a dejar cabos sueltos. Esta pregunta tiene que ver muy exactarnente con un proceso interior: uno sabe qué cosa va a ser un cuento y qué cosa una novela. Yo de entrada supe que Castelli me daba para una novela, y no para un cuento. Entre otras cosas, porque Castelli iba a intentar decirlo todo, e iba a volver una y otra vez sobre lo que estaba diciendo. Un cuento no da para eso. Uno elige lo que parece un campo más vasto, que es la novela. Y se puede dar el lujo de dejar abiertas ciertas puertas. Uno sabe cuál es el principio y el final; el resto no lo sabe. El resto pertenece ai campo de la escritura, que modifica muchas primeras intenciones, muchas reflexiones, buena parte de su imaginación. Si uno se sienta a trabajar y piensa que va a escribir una novela, hay que escribir una novela. No son elecciones para que el oficio se expanda.... En general, los jóvenes siempre escriben novelas, que yo sepa. Tienen que contar de alguna manera su vida hasta los veinte años, desde la iniciación sexual hasta su enfrentamiento generacional con padres y maestros, o historias mucho más fuertes que esas. Fuertes relativamente

(fragmento de nota de Miguel Russo y Gabriela Timann, La Maga, 03-04-96)

Julio Cortázar

Por lo que a mí se refiere, la idea que yo me hago del cuento y la forma en que lo realizo es siempre un orden muy cerrado. Por ahí he escrito que para mí un cuento evoca la idea de la esfera, es decir, la esfera, esa forma geométriva perfecta en la que un punto puede separarse de la superficie total, de la misma manera que una novela la veo con un orden muy abierto, donde las posibilidades de bifurcar y entrar en nuevos campos son ilimitadas. La novela es un campo abierto verdaderamente; para mí, un cuento, tal como yo lo concibo y tal como a mí me gusta, tiene límites y, claro, son límites muy exigentes, porque son implacables; bastaría que una frase o una palabra se saliera de ese límite, para que en mi opinión el cuento se viniera abajo. Y he visto muchos cuentos venirse abajo por eso, por destruirlo todo en el último momento, por ejemplo, con una tentativa de explicación de un misterio, cuando el misterio era más que suficiente en el cuento, cada uno podría encontrar allí su propia lectura, su propia interpretación. Hay gente que malogra cuentos, poniéndolos excesivamente explícitos, entonces la esfera se rompe, deja de ser el orden cerrado.

- ¿Qué es un cuento para usted?

- Yo creo que nadie ha definido hasta hoy un cuento de manera satisfactoria, cada escritor tiene su propia idea del cuento. En mi caso, el cuento es un relato en en el que lo que interesa es una cierta tensión, una cierta capacidad de atrapar al lector y llevarlo de una manera que podemos calificar casi de fatal hacia una desembocadura, hacia un final. Aunque parezca broma, un cuento es como andar en bicicleta, mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder velocidad ahí te caes y un cuento que pierde velocidad al final, pues es un golpe para el autor y para el lector

(fragmento de nota del Prof. Jose Julio Perlado, Facultad de Ciencias de la Información  en Madrid, 24-05-83)

Guillermo Martínez

Noto que concibo y escribo las novelas como si fueran cuentos: todo converge hacia el final. También tacho y corrijo como un cuentista; trato de mantener líneas de suspenso y evitar lo que no es de algún modo necesario. A mí me gustaría que mis novelas, aun si alguna vez consigo escribirlas largas, pudieran leerse de una sentada.
Los psiquiatras dicen que si uno escucha voces tiene que empezar a preocuparse. Yo les hago caso, porque si escucho fragmentos de diálogos sé que es una novela, y que me llevará muchísimo tiempo. También: si lo más importante en la idea es la trama, se trata de un cuento y si lo más importante son los personajes, es una novela.

(fragmento de nota en diario Clarín Digital, 16-07-0)

Vlady Kociancich

La calificación de nouvelle depende de la mirada que tengamos. Si se trata de una mirada inglesa, sería un cuento largo; si es francesa, es una nouvelle. A la nouvelle lo veo como un cuento largo, un texto de unas 130 páginas, y la novela, de 200 a 300. Cuando leas esta carta reúne cuentos: tres son largos; otros, breves, y alguno, brevísimo. La mayoría fueron escritos mientras trabajaba en mi última novela, los más largos me llevaron unos dos meses y otros fueron como rápidas iluminaciones. Nunca empecé a escribir un cuento y lo dejé, en cambio la novela es como un largo sueño en el que puedo entrar y salir. La novela tiene más favor con la publicidad y eso no es una cuestión de lectura. Los editores piden novela porque es más fácil de promover, más fácil para contar el argumento y quizás por eso puede tentar más a la abstracción llamada público lector. Además, las novelas se ponen de moda y los libros de cuentos, no. Pero los buenos lectores, los que leen por placer aceptan entusiasmados cualquier género de ficción. Por otra parte, la mayor comercialización de la novela lleva a la confusión de creer que la literatura no nace del impulso creador de un individuo, sino que es una fábrica de ciertos productos que deben imponerse.

(fragmento de nota de María Esther Vazquez, diario La Nación, 15-04-98)

Abelardo Castillo

Mi lugar natural es el cuento. Pensemos que la novela "Crónica de un iniciado" me llevó terminarla veinte años. No es que no me cueste esfuerzo terminar un cuento, pero no me preocupa, sé que voy a concluirlo. La novela, en cambio, me resulta muy angustiante. El novelista se siente casi intrigado por su propia historia. No sabe adónde irán a parar sus personajes. El cuentista está acostumbrado a un sistema más cerrado. Cuando se sienta a escribir ya sabe todo lo que va a ocurrir. En cuanto al teatro, para mí es lo más cercano a la poesía. Yo escribí ?Israfel? porque quería escribir sobre la vida de Poe. Y además porque estaba enojado con una pésima biografía que se había escrito sobre él. Pero nunca he sabido de teatro. No sé lo que es el foro, por ejemplo. Para mí el teatro es un acto político. Y nunca dirigiría una obra mía. Creo que el director suele encontrar en la literatura dramática cosas que muchas veces los dramaturgos ni siquiera sospechamos

(fragmento de nota de El Confesionario, Ana Fuster Lavin)

Marcelo Birmajer

¿Por qué decidió escribir cuentos y no una novela corta?
-Porque el cuento es el registro en el que me siento más cómodo. Lamento mucho que exista el prejuicio de que la novela es más vendible. Sobre todo porque sospecho que es un prejuicio totalmente infundado: ¿hay alguna estadística seria al respecto? Yo no la conozco. Por otro lado, me considero fundamentalmente un narrador, una noción que para mí está muy atada a la tradición oral, al hecho de sentarte alrededor de un fuego y contar historias. Y el cuento se presta mucho más a esa escena ancestral.

(fragmento de nota de Flavia Costa, Diario Clarín, 02-01-00)

Fernando Sorrentino

Lo que más me gusta es escribir cuentos. Empezar una historia y terminarla en un lapso relativamente corto. Por otra parte, me doy cuenta de que no se me ocurren temas para escribir novelas, temas que alcancen para la extensión de una novela. La excepción fue Sanitarios centenarios, que, en realidad, es una sucesión de capítulos cómicos, con la unidad temática de la voz del narrador en primera persona. También me gusta escribir ensayos y artículos sobre temas de literatura, o problemas de lingüística, curiosidades de traducciones mal hechas, expresiones objetables, etcétera.Pero dicho de otro modo me siento cómodo en todo lo que escribo, pues, si me sintiera incómodo, no lo escribiría: no hago lo que no me gusta hacer.

(fragmento de nota via mail de Jorge Oscar Rossi)

Rodrigo Fresán

-¿Se podría decir que mientras coqueteabas con los cuentos, tu deseo era la novela?

-Y, ahora te podría decir que sí. Yo siento un enorme respeto por la forma cuento. Inclusive sospecho que es más difícil de dominar. Pero la novela es el sueño de todo escritor.
Yo no reniego de ninguno de mis libros ni les cambiaría una coma, no porque no sean mejorables, sino porque no me tomaría el trabajo de cambiarlos. Parece increíble, pero la tarea de aprender a escribir un cuento o una novela es similar a la de aprender a
andar en bicicleta: cuando ya sabés cómo mantener el equilibrio y guiar el manubrio, no te lo olvidás más; sólo te queda seguir pedaleando.
Para mí uno de los lugares comunes más insoportables del ambiente literario es el de esos escritores que dicen ¡cómo sufro cuando escribo! Eso me parece blasfemo. No es igual la necesidad que la sociedad tiene de un escritor como de un médico en La Quiaca, digamos. Entonces, bullshit, si sufrís tanto cuando escribís, no escribas y dejá lugar a toda la gente que necesita escribir tanto como respirar

(fragmento de nota de Verónica Chiaravall, La Nación Cultura, 1995)

   

 

 

 

 
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