|
Abelardo Castillo
Para mí, y creo que para cualquiera que se disponga a escribir, es imposible pensar en un cuento si no se tiene el final. Ningún cuentista cuenta algo sin saber adónde va.
-Es como si dijéramos: el futuro determina el presente. Es decir, ese final que ya conocemos irá decidiendo los pasos a dar.
-Claro. Es así que ocurre, exactamente así, mientras que en la novela pasa lo contrario. Hay algo que va a suceder, que no está muy claro. La situación es vaga, brumosa. El camino se irá haciendo al caminar. En el cuento hay algo que ya sucedió y toda dispersión conspira contra su belleza. En el cuento el final es esencial y el cuentista no puede dispersarse en cosas que no hacen a la anécdota central. Cuando un hombre se cae en la calle, el novelista piensa "de dónde vino", "qué va a hacer cuando se levante". El cuentista lo único que piensa es "¿por qué se cayó?". Son actitudes inversas frente a la realidad. Uno se pregunta ¿por qué pasó? y el otro ¿qué va a pasar?
(fragmento de nota de María Esther Gilio, Brecha, Uruguay, 05-12-96)
Andrés Rivera
Leí hace poco un reportaje a Borges, y me alegró saber que él decía que hay que tener el principio y el final. Me alegró porque es lo que siempre pretendí: título, principio y final. Y había comenzado en Córdoba un cuento del cual tenía el principio -que me costó bastante rehacer- y un final sólido, con el cual estoy muy conforme
(fragmento de nota de Miguel Russo y Gabriela Timann, La Maga, 03-04-96)
Juan Martini
¿No estaremos escribiendo novelas en las que el público no encuentra referentes claros y en consecuencia se desanima y deja de leerlas? La literatura argentina, que ha producido novelas maravillosas, dificilísimas de leer, ha contribuido a que el lector se aleje de las novelas. Y por otro lado, ha habido un abuso de la experimentación y la parodia en la novela argentina. Los libros que escribimos tienen pocos lectores por su naturaleza. El público está fatigado de leer novelas que no entiende.
(fragmento de dialogo con Ana Laura Perez, diario Clarín, 16-04-00)
Julio Cortázar
¿La "manera" o la "estructura"?
- Bueno, tal vez estamos hablando de la misma cosa, porque la estructura no puede ser una estructura si no contiene una opción previa sobre la forma en que se va a construir el cuento; y en general, la noción general del cuento, el tema en "grosso modo", en mí viene acompañado ya de la forma en que tengo que hacerlo. Es decir, yo sé automáticamente cuando me pongo a la máquina que tengo una idea general de un cuento que me obsesiona, esa es la "cosquilla", que me obliga a escribirlo; pero también sé, sin poder dar ninguna explicación racional, si ese cuento lo voy a escribir en primera persona o en tercera. Eso lo sé, lo sé sin razones, sé perfectamente que voy a empezar a hablar de mi "yo", o bien voy a empezar a hablar de algún punto o algún tema. Y eso no tiene explicación, eso se da así.
(fragmento de nota del Prof. Jose Julio Perlado, Facultad de Ciencias de la Información en Madrid, 24-05-83)
Marcelo Cohen
En la primera persona hay algo vampírico: el narrador se lo apropia todo para el objetivo de la propia coherencia. Si uno está centrado en el discurrir de la conciencia de un personaje, sus tics, sus pequeñas manías, sale demasiado fácil. En el estilo indirecto libre, en cambio, si uno adopta el punto de vista detrás de la nuca del personaje, ve también el entorno. Y la frase tiene que hacerse cargo de los otros personajes y de las circunstancias sin perder economía ni visibilidad. Es mucho más difícil, pero la novela gana como espectáculo. Después de haber dicho durante mucho tiempo que la novela estaba terminada como género, vuelvo a pensar que no es así. Sólo con las armas tradicionales de la novela renovadas se pueden inventar historias nuevas. Y a mí me interesa contar historias nuevas. Es un deseo de originalidad que quiero seguir respetando.
(fragmento de diálogo con Mónica Sifrim, diario Clarín Cultura, 08-11-98)
Pablo De Santis
¿Por qué eligió para La traducción la forma del relato de enigma?
-Me apasionan los enigmas porque tienen un poder particular para formalizar un relato. Creo que soy un narrador clásico. Mi ideal es armonizar la literatura popular con otras inquietudes, pero me resulta fundamental que siempre los libros puedan ser leídos en el plano del entretenimiento. Que en un relato haya unidad de acción, de tiempo y de lugar. Calvino hablaba de crear en el relato una atmósfera enrarecida. Y la novela policial la tiene.
(fragmento de nota de Mónica Sifrim, Diario Clarín, 09-08-98)
|