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Andrés Rivera

-Entre tres y cuatro.horas diarias.

(fragmento de nota de Miguel Russo y Gabriela Timann, La Maga, 03-04-96)

Guillermo BelgranoRawson

Me gustan las actividades múltiples. Si yo tuviera veinticuatro horas diarias para escribir pienso que no las aprovecharía.
La vida está saturada de elementos inspiradores. Todos bullimos de ideas permanentemente y el noventa por ciento quedan en el camino. Necesitamos a veces un compromiso más concreto para lanzarnos a escribir una novela. Hace falta convicción, tenacidad, estado físico. Fellini dice que jamás hubiera filmado una película, de no haber existido un contrato que lo obligara a entregarla con plazos perentorios.

(fragmento de nota de Monica Sifrim, diario Clarín Cultura 30.08.09)

Hector Tizón

A lo sumo suelo anotar en papelitos. En general escribo los fines de semana. Greene era un gran macaneador, yo lo conocí. Más que escribir, bebía repetidas y supuestas tazas de té que no contenían té. El solía decir cosas que podían sonarle agradables a su interlocutor. No creo que nadie escriba todos los días. Puede ser Vargas Llosa, allá él.

(fragmento de nota de María Esther Vazquez, diario La Nación 10-05-97)

Alberto Guirri 

Soy muy rutinario. Creo en la posibilidad de una variación continua dentro de lo mismo. Por eso, todos los días hago, más o menos, iguales cosas. Trabajar regularmente a ciertas horas, recorrer algunos bares a otras, sumergirme en algún cine de Lavalle, comer con amigos, escritores o no, tomar casi siempre las mismas calles. Una a una, esas módicas experiencias resultan, no importa cuánto las reitere, novedosas y fértiles

(fragmento de su libro Cuestiones y razones, ed. Fraterna 1987)

Diana Bellesi

En Argentina escribimos, como dicen en el Uruguay, en el anca de un piojo. Es decir, cuando todo lo que hay que hacer para sobrevivir ha sido hecho. Cuando ya se ha cumplido con lo necesario para sostener a los que amás, para sostenerte a ti misma, para hacer servicio social, para millones de cosas. Ahí, en esos intersticios, en esos pequeños espacios, uno puede escuchar y escucharse y uno escribe. Igual, yo creo en una cierta disciplina, yo creo que hay que sentarse a merodear, como decía Ricardo Molinari: "Hay que acercarse y merodear lo que se habla afuera y adentro de uno y escucharlo".

(fragmento de nota de María Claudia André, Revista de Cultura nro. 15, Sao Paulo, Brasil, agosto de 2001)

 

 

 

  

 
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