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Isidoro Blaisten
Yo, por ejemplo ahora tengo un estudio, algo que siempre había soñado. Y una vez que lo tuve, hice un proceso inverso. Vuelvo al café. Necesito escribir en el café, como lo hacía antes. Necesito el murmullo de la gente. Yo hablo con los mozos. Los mozos te ven en el diario. Te quieren distinguir. Primero me decían "señor Isidoro". Después me empezaron a decir "doctor". Está hecho con todo afecto. Como si pensaran: "Yo no he leído nada de este hombre pero aparece en los diarios y lo quiero distinguir". Me parece que ahora, que tengo el escritorio, me angustia la soledad. Roberto Arlt dice que cuando se tiene algo que decir se escribe en cualquier lado. "En un cuarto infernal o sobre una bobina de papel. Dios y el diablo están junto a uno dictándole inefables palabras." Proust escribía en la cama con edredones, asmático, histérico. No toleraba un ruido. Hemingway, en cambio, era más creativo en mitad de la batalla, a la luz de una vela y conduciendo ambulancias. No tiene nada que ver. En literatura sólo importan los resultados. Cada vez estoy más convencido
(Fragmento de nota de Mónica Sifrim, diario Clarín, 06-04-04)
Guillermo BelgranoRawson
Amo la tranquilidad; por eso me gusta navegar y tengo un refugio en San Luis, donde puedo sentarme a escribir bajo los nogales y junto a los riachos. Pero también puedo concentrarme en el mediodía de la avenida Corrientes, con el ruido del colectivo 60 zumbándome en el oído, y caminar por Talcahuano como si atravesara los bosques de Palermo. Creo que en todo escritor hay un toque de lobo solitario, de ensimismamiento espiritual que es lo que le permite, al fin y al cabo, concebir una novela, aun en medio del barullo.
(fragmento de nota de Monica Sifrim, diario Clarín, Cultura, 30.08.09)
Héctor Tizón
Ahora, después de haber tenido, no sé si por gracia o por desgracia, la necesidad de la escritura para vivir, se me fueron todos los tics. Lo hago en cualquier lado. Un escritor no debe tener apremios económicos ni apuros. El ritmo de la escritura debe ser casi biológico, como el de la circulación de la sangre. El apuro puede lograr fines no queridos. Escribir debe ser una función armónica. Es lo mismo que hacer el amor de prisa, eso es una barbaridad
(fragmento de nota de María Esther Vazquez, diario La Nación 10-05-97)
Andrés Rivera
No soy Marcel Proust que necesitaba paredes almohadilladas. Ninguno de los escritores argentinos trabaja en condiciones tan especiales. Yo necesito tener la lapicera de tinta cargada y dos o tres más a mano, de esas cuyo trazo de pluma me gusta, una manía. Y otra cosa es que, si por mí fuera, si viviera solo, descolgaría el teléfono.
(fragmento de nota de Miguel Russo y Gabriela Timann, La Maga 03-04-96)
Guillermo Saccomano
Ahora estoy recluido en la costa y a mí la distancia me salvó, me ayudó a desintoxicarme. Hay algo de la naturaleza, de las amistades que se mueven en un orden más práctico y simple. Estás solo, tenés el mar y no podés hacer otra cosa que escribir. Los últimos cinco libros los escribí allá. Allá me ocupo de cuestiones más elementales, no tengo las distracciones que tengo acá. Allá vas a caminar a la playa y pensás en el libro, no en quién llamó. Además me invitan a bailantas, a asados, y yo la paso bomba. No es populismo: si no viviera en la costa me hubiera ido a la Patagonia.
(fragmento de diálogo con Mónica Sifrim, diario Clarín Digital, 13-06-99)
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