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POEMAS DEL CONOCER (EDICION BILINGUE)
Autor: ISAACSON, JOSE - VERDEVOYE, PAUL
Editorial:Corregidor
POESIA
Precio: $19.00
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Según crudamente me autodefino, soy un erudito en múltiples ignorancias. Sé -si algo sé- que, como todos los hombres, soy un ser antientrópico, y que la incertidumbre es la oscilante vía hacia el conocimiento. Por algo Maimónides escribió su Guía de los perplejos perplejos Con Aristóteles aprendí entre otras cosas que "el hombre tiende por naturaleza a conocer" y que "tenemos mente porque tenemos manos", del mismo modo que las obras posibles de las manos se deben a que son guiadas por la mente. Idea esta última que durante el Renacimiento el incomparable Leonardo hizo suya y que en nuestro tiempo fue desarrollada por Gramsci en su filosofía de la praxis. De lo anterior resulta que las reflexiones del intelectual se plasman en obras "concretas".

En el Discurso del método René Descartes parte de la duda ante lo aceptado como cierto. De lo contrario, el conocimiento pasaría de lo dinámico a lo estático.

"Todo tiende a persistir en su ser", me dijo Spinoza, inspirado quizá en la Voz estampada en el Génesis cuando el Creador afirma: "Yo soy El que soy". Es decir, "Soy la Existencia", el supremo valor, el primer escalón de la axiología humana que conduce al individuo por el camino a la persona. Por bien fundadas razones, Tomás de Aquino sostuvo: "Quien mata al individuo mata a la persona".

Estas pocas citas son coherentes con ideas libremente encadenadas y constituyen un proceso que me permite afirmar: la cultura, además de la reunión de todas las actividades creadoras del hombre, es el correlato del proceso histórico.

Nuestra actualidad nos obliga a vivir en una sociedad de masas, como quien dice, en una sociedad de individuos, es decir, de hombres cosificados. La llamada "Revolución de la Inteligencia" debe ser entendida como La Revolución de la Persona.

Muchos malpensarán que esta es una posición elitista cuando, por el contrario, se trata de que cada uno de los integrantes de la sociedad pase de la condición de individuo a la condición de persona. Buber me enseñó que la persona es el hombre del diálogo. A partir de esta propuesta pude desarrollar la ecuación verbal de la persona, Yo-Tú. Como consecuencia, la persona se convierte en un sujeto dialógico, pues el Tú, nacido del encuentro, confirma la existencia del Yo. Si se prefiere decirlo en un lenguaje próximo a Hegel, la persona es el individuo desalienado.
Toda mi obra está fundada en unas pocas ideas que muchos calificarán -en el mejor de los casos- de utópicas. "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo", me dijo Arquímedes. Y en este mundo heraclíteo, el punto de apoyo que reclamaba el Siracusano debe ser un apoyo móvil, como los días de la vida del hombre.

 
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