El estado de coma de un joven heroinómano y la urgencia en visitarlo de su tía y de su padre, un pobre diablo convencido de que Carlos Gardel no murió en un accidente de avión, son el punto de arranque de esta extraordinaria novela que, a ritmo de milonga o de tango, desarrolla una fascinante visión poliédrica de la peripecia vital y reflexiva de todos sus personajes. Una Lisboa marginal y decadente los acogerá en ese despojamiento íntimo, no exento de ironía y humor, que cada uno a su modo irá llevando a cabo y que cobrará más y más fuerza a medida que vayamos comprendiendo el absurdo implacable de la lógica de la muerte. Unos monólogos que harán variar la objetividad de los acontecimientos y que girarán como un disco rayado alrededor del vacío de sus propias existencias.
En el prólogo de Los miserables (1862), Victor Hugo (1802-1885) denuncia explícitamente la tesis que lo había inspirado: revelar la "condenación social" producto de las leyes y costumbres y bosquejar un cuadro de los tres grandes problemas del pueblo: "la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, y la atrofia del niño por la ignoracia".
"Como fervientes aficionados al género policial y de intriga, que cautivaron tanto conjuntamente -«Seis problemas para don Isidro Parodi » (BA 0023) o «Un modelo para la muerte» (BA 0032)-."
Esta recopilacón de Los Relatos de Cortázar en cuatro volúmenes, ordenadas por el propio escritor poco antes de su fallecimiento, sigue criterios de afinidad independientes del orden temporal de su aparición. Los títulos de los volúmenes apuntan oblicua y a veces irónicamente hacia las líneas de fuerza que organizan esos textos en una nueva estructura significativa.
Los cuentos hiperbreves son un producto de nuestro tiempo, una forma adecuada para contar el vértigo que nos toca vivir. En ellos se mezcla el humor, el lirismo, el juego: son textos para ser leídos una y otra vez. Y en cada relectura vuelven a sorprendernos, a descubrirnos cada uno de sus pequeños detalles. En esta antología se reúnen casi doscientos textos escritos en castellano. Expresión de un auténtico prodigio, ninguno de los relatos elegidos tiene más de treinta y tres líneas y fueron concebidos así por sus autores, de modo que no son fragmentos sino obras unitarias. Escritores consagrados, como Darío, Jiménez, Borges, Cortázar o Monterroso le dieron nivel literario y hoy lo practican los jóvenes creadores que encuentran en él una extensión apropiada para el cibertexto.